Érase una vez #opinión

Érase una vez #opinión

Por: Miguel Pizarro

Diputado

Érase una vez, hace no tanto tiempo, en nuestro país, una etapa en la que cientos de jóvenes se organizaban y se reconocían en el medio de la crítica y la denuncia contra el sistema. Algunos se declaraban objetores de conciencia y decidían frontalmente enfrentar el poder y la cultura militar. La recluta, la instrucción premilitar y las órdenes eran motivo de acciones y mensajes que usaban la paz y la palabra como contraste.

Otros defendían derechos humanos, se metían a las cárceles para denunciar malos tratos y hacinamiento, peleaban por los encarcelamientos injustos de dirigentes estudiantiles y alzaban la voz contra el poder, defendían todas las formas de lucha y hasta conciertos contra la invasión de Irak organizaban.

Durante años se reconocieron unos a otros en el fragor de la pelea contra el status quo. Se llamaban revolucionarios, se organizaron y con el tiempo lograron conquistar el poder. Al fin se haría justicia, los dirigentes estudiantiles en otrora perseguidos pasarían a dirigir la política pública universitaria, los hijos de los presos políticos administrarían justicia y los luchadores sociales podrían finalmente legislar.

Con el pasar del tiempo, como sí de un fragmento de Rebelión en la Granja se tratara, los hijos de presos políticos empezaron a aplaudir que los padres e hijos de otros fueran a la cárcel, los que organizaban células populares empezaron a ver a los pobres como propaganda y sus problemas como saboteo, los redujeron a estadística. Aquellos que hasta con las armas defendieron sus ideas empezaron a ser alérgicos a la crítica y el descontento, tal y como hicieron con ellos en esos tiempos de lucha, lo empezaron a simplificar y reducir a los “ismos” que sólo demuestran sordera.

Las muertes por el hampa dejaron de ser escándalo motivó de denuncia contra los poderosos y empezaron a llamarla “fenómeno social estructural” que se debe comprender, de repente se dejó de hablar de futuro y se empezó a hablar de guerra, aquellos soñadores que desde la creatividad construían al hombre nuevo empezaron a ser los diseñadores de la realidad “oficial” y una enorme maquinaria de propaganda que contrasta con una verdad estruendosa en la calle.

El sueño del poder constituyente se convirtió en un mito más como la reducción de la pobreza o la inclusión social verdadera, los discursos dejaron de ver al futuro y empezaron a ver fantasmas. Así como los gobiernos, durante años, los negaron a ellos; así mismo comenzaron a hacer ellos con los problemas de salud, afirmando que hay “medicamentos” cuando en realidad en el país vivimos una de las mayores crisis sanitarias de nuestra historia. Ahora ellos niegan el problema de la escasez, peor aún, ahora la asumen pero afirman que forma parte de un plan conspirativo que viene de otros países.

Así, los que prometieron acabar con los privilegios y la burocracia empezaron a necesitar quien les asistiera para abrir puerta, necesitaron comparar carteras caras, ropa de lujo, carros último modelo; mientras tan solo el año pasado en el país fueron asesinadas más de 17 mil personas, 58,1 por cada 100.000 habitantes, y en las cárceles el hacinamiento alcanzó el 190%.

Los tribunales nunca se volvieron más justos, ahora reina la impunidad en el 95% de los casos y hacen juicios exprés a quienes piensan distinto. Así cómo cuando el árbol pierde sus raíces o cuando en mar abierto la embarcación pierde la bitácora, los que hoy están en el poder, con sus matices, dejaron de ser una historia en desarrollo para, como sus antecesores y sus adversarios, convertirse en un “érase una vez”.

11/2/2016 9:12am