El embarazo adolescente, un círculo vicioso que atrapa a familias de menos recursos

El embarazo adolescente, un círculo vicioso que atrapa a familias de menos recursos

El problema del embarazo adolescente en Venezuela se ha convertido en un círculo vicioso en el que está atrapada la inmensa mayoría de las familias de escasos recursos en el país, opinó el doctor Enrique Abache, director médico de Plafam.

“La región de Suramérica tiene una altísima tasa de embarazos en adolescentes y Venezuela, lamentablemente, está en primer lugar”, aseguró el especialista de la Asociación Civil de Planificación Familiar (Plafam), una institución sin fines de lucro fundada en 1986 con el objetivo de contribuir al ejercicio pleno de los Derechos Humanos en el área de salud sexual y salud reproductiva de adolescentes, jóvenes, hombres y mujeres sin discriminación.

“Se decía que esto obedecía a que las niñas no tenían educación ni información adecuada sobre estos temas. Pero un estudio muy serio realizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas y la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Venezuela, mostró que en ese grupo etario, de cada 10 adolescentes – mujeres y hombres – que conocían de métodos anticonceptivos, solo 1 los utilizaba”, contó.

La realidad es que se trata de “niñas y muchachos que a su vez son hijos y nietos de adolescentes. Es una situación que se naturalizó. Por eso decimos que se trata de un problema sociopolítico, algo que va más allá de la actual situación del país, y en lo cual hay que hacer un gran trabajo”, añadió.

“El 99 por ciento de esos niños que nacen de adolescentes generalmente son criados por los abuelos, porque el varón que preñó, huyó de la responsabilidad, lo cual constituye otro problema”, refirió.

Una de las posibles causas para explicar ese círculo vicioso es que, en muchos casos, las muchachas buscan quedar embarazadas para salir del hogar en el que viven  porque están integrados por mucha gente, y piensan que si se embarazan el padre de la criatura las va a instalar en un nuevo hogar; o porque están cansadas de tener que cuidar a sus hermanos más pequeños mientras la madre trabaja, refirió el profesional de la medicina.

“Creen que embarazarse es un mejor proyecto de vida, pero en realidad lo que hacen es perpetuar la situación, que es lo natural en estas familias menos favorecidas (…) El trabajo que tenemos que hacer es desnaturalizar lo que ellos han naturalizado”, aseguró.

En su opinión, una de las formas de abordar este problema es “trabajar a fondo con los adolescentes, no negándoles la libertad para que expresen su sexualidad, sino ayudándolos para que sean responsables al momento de hacerlo”.

“Hay que abrir consultas amigables para ellos. Hemos observado, tanto en Venezuela como es otros países de la región, que muchas veces son objeto de críticas o discriminación por el hecho de que una muchacha de 15 años acuda a una clínica de planificación familiar”.

“Desde el portero, y muchas veces hasta el mismo médico, las recriminan por querer iniciarse en la sexualidad siendo tan jóvenes. A esas muchachas las tenemos que recibir y con mucho tacto decirles las cosas como son, sobre todo en cuanto a los métodos anticonceptivos, y explicarles también sobre mejores proyectos de vida posibles, como el estudio, para salir de su situación de pobreza”, acotó.

Otra cara del problema lo constituye lo que se llaman “las masculinidades. El varón es el que preña, pero después, la mayoría de las veces, huye de la responsabilidad”, añadió.

“Hace muchos años, a los niños los vestían con pantalón corto hasta los 14 años. Al llegar a los 15 les ponían los largos y le decían ´ya usted es un hombre´. Muchas veces, al morir el padre, los adolescentes se convertían en el hombre de esas familias. Hoy ya no sucede así”, contó.

En ese sentido, indicó que también hay que hacer un gran trabajo social para que los varones aprendan a ser responsables de sus actos “y usen el condón, lo cual preserva no solo los embarazos, sino también de otro gran problema: las infecciones de transmisión sexual, que pueden ir desde una simple gonorrea hasta el VIH Sida”.

La violencia como fórmula de solución de conflictos es otro agravante del cuadro social que enmarca a estos hogares. “Son niños que crecen sin un referente familiar que los oriente y que lo único que han visto en su vida es violencia. ¿Cómo les llaman la atención? A golpes, a gritos. Eso es lo que ven y así trataran a los demás en el futuro”, concluyó.

17/3/2016 2:11pm