Una cosa es venir al mundo y otra nacer en Venezuela (Video)

Una cosa es venir al mundo y otra nacer en Venezuela (Video)

‘Dar a luz en Venezuela es un parto’. No se trata de un simple juego de palabras: el doble sentido de la frase revela que traer al mundo a un niño en este país es para la madre – obviamente, la de los estratos más desposeídos – un verdadero problema, al devenir tan sublime acto en calvario; y para el recién nacido, desde el primer vértigo de la vida, la prueba inicial de un futuro que se vislumbra difícil.

Reporte Unidad Venezuela recabó testimonios, a cada cual más desgarrador, en las maternidades Concepción Palacios y Santa Ana, de Caracas, donde las primogénitas en ciernes, quienes ya alumbraron o repiten en la trascendente experiencia deben sortear toda clase de dificultades, agravadas como consecuencia de la crisis socioeconómica que sacude a la nación.

“¡Parir fue horrible! A mi niña le salió un chichón, un pequeño derrame, porque los que me atendieron fueron estudiantes de medicina que no supieron hacer bien las cosas; hicieron que mi bebé se hiciera pupú en la barriga y todo”.

Las dramáticas palabras corresponden a Leila Bejarano, quien, con solo 14 años de edad, se convirtió en madre en la Concepción Palacios, aunque no guardando el mejor de los recuerdos del que debería ser el momento más dulce para toda mujer.

“Las enfermeras son buenas pero el personal que trabaja en vigilancia lo trata a uno mal. Reconozco que siempre mantienen a los bebés limpios, pero lo que sí es malo es la comida: a mí me dio asco”, dijo.

Confesó que aunque la criatura, nacida por cesárea, no fue planificada, no se arrepiente. Sin embargo, le angustia el porvenir de la pequeña: “los pañales están muy caros – por fortuna, me ayuda mi madrina, quien trabaja en un ministerio -, las fórmulas lácteas no se consiguen y hay que hacer cola para comprar cualquier cosa”.

“Aquí en la maternidad ni siquiera están colaborando con los exámenes para ninguna mujer: hay que salir corriendo a la clínica Vista Alegre, el Centro Maracaibo o la propia Sanidad, portando potecitos para sangre o cultivos, a fin de que no se dañen”, indicó Delia Rondón, una mujer que lleva 13 años trabajando de parquera en la Concepción Palacios y conoce infinidad de historias, y quien aconsejó a su nuera, que va a dar a luz pronto, que no lo hiciera allí.

“El gobierno tiene que tomar cartas en el asunto en la maternidad. Lo peor es que esta tragedia no sale a la luz pública”, urgió.

Pecadillos en la Santa Ana

Entretanto, en la maternidad Santa Ana, en la urbanización San Bernardino, Bárbara Seijas, de 17 años de edad, que dio a luz a su hija hace dos semanas, reveló su temor para poder ubicar lo que demanda el querubín. “Aquí la atención es chévere”, dijo, añadiendo que el problema es que “no se consigue nada, ni los pañales, y cuando uno tiene suerte, todo está demasiado caro”.

A su vez, Daniela Morgado, cuya hermana parió esta misma semana, coincidió al expresar que el servicio es bueno. “No nos han pedido medicamentos, solo toallas clínicas, los pañales, la leche y la ropa del bebé, por supuesto”, en esa cadena de requerimientos que se tornan arduos en estos tiempos de precariedad.

“Tener un niño es difícil pero, como soy primeriza, hago todos los esfuerzos para traer al mundo a mi hijo. Hago colas, con mi barriga y todo, en Farmatodo y Locatel. Los controles me los practico en centros públicos”, apuntó María Sotillo, de 22 años, quien planificó a su bebé hace siete meses.

Por su lado, Ladymar Tineo, de 35 años, preparándose para recibir a su segundo hijo, reveló haber empleado una excelente estrategia, hoy en entredicho por disposición gubernamental: “para conseguir las vitaminas tuve que traerlas desde el extranjero, por courrier, empleando el cupo electrónico de divisas. Muchos ignoran los beneficios que ofrecieron esos dólares viajeros”, completando que también se ayudó con el intercambio de productos, por ejemplo, Harina Pan por pañales.

El mismo sistema que empleó Johan Lupi y su pareja, quienes tienen una niña de 16 meses. “Compramos y fuimos guardando. Hay páginas en las redes sociales donde la gente cambia cosas que ya no les sirven, como pañales pequeños por grandes, champú por jabones. En mi grupo de Facebook no permiten vender sino intercambiar porque la iniciativa es que no se aprovechen de la necesidad de la gente, y si hubiese venta es al precio del producto, sin bachaqueo”, explicó el joven papá, acotando, sobre la Santa Ana, que “las instalaciones son limpias, las enfermeras están pendientes y hay muchos doctores”.

Quien sí expuso una queja fue Carlos Pérez, padre de una joven de 21 años que espera por su segundo parto. “Varios familiares fuimos maltratados por una funcionaria de la milicia destacada en esta maternidad. Este lugar es público y no estamos molestando. ¡Nos echaron como si fuéramos objetos!”, fue su crítica.

Otra objeción más del prolífico reclamo ciudadano por una amplia mejora en las paupérrimas condiciones que enfrentan las féminas encinta para dar a luz en Venezuela.

11/3/2016 10:04am